ADIOS VENERABLES DINOSAURIOS


Dos de los más reconocidos personajes del mundo de los autos antiguos se han ido. Dueños de personalidades diametralmente opuestas, compañeros de trabajo y amigos, impregnaron la actividad para siempre.


Rubén Rogés.



Restaurador. Purista a ultranza, defensor de la originalidad total, absolutamente intransigente, nos mostró como se restaura, de verdad, un auto. Su Bentley, el E Type, su Pagoda, fueron reconocidos aquí y en el exterior como verdaderas joyas de la restauración. Ayudó a muchos de nosotros guiándonos para conseguir un repuesto difícil, buceando datos en su nutridísima biblioteca y, a veces, importando la pieza para algún amigo neófito en esos menesteres. No siempre fue suficientemente agradecida su generosidad.

Puso la vara donde debe estar, en lo más alto. Nos demostró el minucioso arte de restaurar un auto. Fue implacable con las modificaciones, cortes y actualizaciones. Su carácter, distante y agrio en  apariencia, era amable y divertido cuando estaba entre amigos. Fue respetado por todos, aquí y en el exterior, donde se conocía mas allá de nuestras sospechas.
Deja un vacío difícil de llenar en el ambiente.  Un gran vacío.

 

Roberto Macnie, “Mac”.


Rompereglas irredento. Curioso, siempre interesado en armas, mecánica de guerra, aviones… cualquier cosa que tuviera motor. Diseñador claro, creó el Mara, un sport sin techo, de armonioso diseño, convertido hoy en objeto de culto. Le enseñó a un chapista a trabajar el aluminio. Conocedor de los “autos que vivieron aquí” y a la gente de esa gloriosa era, era capaz de pasar una tarde entera recordando anécdotas jugosas y divertidísimas para el beneplácito de los que compartíamos su mesa. Compañero del alma de un buen tinto y un mejor scotch, vivió abrazado a esa amistad. Pocos o ninguno lo ha visto nunca sobrepasar el límite etílico. Todo un escocés de pura cepa. Nunca le tembló la mano al momento de cortar, soldar, modificar, crear… Se peleó con FIVA por no otorgarle el carnet a un speedster suyo y le pinto un PROHIBIDO FIVA en el radiador.
De carácter fuerte, siempre con razón, era dulce con su familia y con los que participábamos de su círculo íntimo.
Mac es uno de esos tipos que, aún después de irse, siguen viviendo en nuestra mente para siempre. Y lo más importante… en nuestro corazón.

Adios. ¿Por qué dinosaurios? Porque pertenecieron a una raza ya extinta. Tan enormes que su sombra se proyecta interminablemente hacia el futuro. Y porque a pesar de su dimensión, despiertan respeto, cariño y ternura. Conozco a muchos que sentimos igual. Rubén, ha de estar enseñándole a San Pedro como se restaura un MB 300 SL. Mac debe estar potenciando una nube para girar a 12.500 rpm, sobre el cielo de Laguna Seca, como a él le gustaba.
Hasta siempre Rubén. Hasta siempre Mac.

Orlando Bongiardino