A propósito del 70º aniversario del Club de Automóviles Sport. “apiladas” de Borocotó en el Gráfico.
                                                                

Recopilación de Julio Martín Méndez Peralta Ramos

En 1954 mientras se iba realizando la carrera de los 1000 Kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires para coches sport, una barrita de aficionados en un edificio a la vera de la avenida General Paz tomaba tiempos y preparaba un puchero. Los integrantes eran el ñato Correa, Bertoni, Fernando Segura, etc. y hacía las veces de cocinero Porfirio Díaz, quien comenzó pelando papas. Al rato alguien le preguntó:
- ¿Qué ventaja lleva la Ferrari de Farina y Maglioli?
- Dos papas.
Una hora después.
- ¿Cómo va la Ferrari?
- Ahora son dos papas y media.
Y el “cronógrafo” era perfecto.

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El ex volante Martín Berasategui llegó a “la viridita” y al sentarse se remangó un poco los pantalones. Le observaron que llevaba calzoncillos largos.
- Enterizos… aclaró.
- Entonces Martín, o te volviste bebé o vas a trabajar en un trapecio.

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Carlos Menditeguy tiene sus cosas. Para una prueba de coches sport le preguntó un periodista radiotelefónico.
- ¿Va a largar?
- No sé… Tengo un inconveniente en el radiador… voy a ver si cambiando el rodado lo arreglo.
Y el otro quedó convencido.

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Corría Carlos Pérez de Villa en el circuito de Mar del Plata con su Cisitalia y en una curva, en lo alto de una loma, antes de llegar a ese sitio se orientaba para el pequeño viraje por una gorra de un vigilante, pues el corredor iba hundido en el coche. Una vuelta, dos vueltas, tres vueltas y siempre, llegando a ese lugar, buscaba a lo lejos la gorra del policía que era su punto de referencia. Y le iba bien… pero a la cuarta el vigilante cambió de lugar… y Pérez de Villa casi cambia de vida.

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Un común amigo hizo la presentación.
- Fulano de Tal… Jorge Camaño (que era de muy baja estatura)
El Fulano miró a quien le presentaban y sonriendo expresó:
- Mucho gusto … ¡Qué bien se apiló usted el domingo en San Isidro!
Y ese Jorge Camaño no era el jockey sino el corredor de autos sport.

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A Carlos Pérez de Villa que se tendió volante en mano por varias rutas con diferentes seudónimos, le nació un hijito. En tanto se hacía el circuito en el hall del sanatorio esperando la noticia pensaba en el posible bebé y deseaba fuera varón. De pronto la enfermera le anuncia:
- Un varón… y pesa 4,500.
- ¿Cuatro quinientos sin compresor? … Está en fórmula… Es un Talbot.

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Al hombre más veloz le hicieron una boleta por estar parado. Fue a Enrique Díaz Sáenz Valiente en la esquina de Reconquista y Tucumán. Cuando corrió en Tres Arroyos, a más de doscientos no lo multaron.

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En la fábrica de Franco Bruno cayó una barrita de automóviles sport que marchaba a Tres Arroyos y un obrero viéndolos de “blue jeans” le preguntó a Bruno:
- Y estos de pantalones con zócalo, ¿quiénes son?

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Apareció en “la viridita” Pedro Godoy con un ojo vendado y le preguntaron:
- ¿Qué te pasa?
- No levanten la perdiz, tengo el as de espadas.

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El fotógrafo de El Gráfico, César Polzinetti fue a Córdoba conjuntamente con la bulliciosa barra del Club de Automóviles Sport. Allí se dividieron en dos hoteles y al fotógrafo le anotaron mal el nombre. Así fue que un dirigente de la Asociación Cordobesa de Volantes le dijo al secretario Zampini:
- En el hotel de enfrente hay un tal Cipolteni, que dice que vino con ustedes.
Zampini cruzó, llamó por teléfono a ese señor y le preguntó:
- ¿Usted vino con los del Club de Automóviles Sport?
- Sí, señor …
- ¿Y con qué máquina corre?
- Con Kodak.

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