Museo Don Iris - Villa María

Deje las penas por ay, y venga a Villa Maria"...

Las coplas que inmortalizara Hernan Figueroa Reyes encajan perfecto para quien, de paso por esta progresista ciudad del centro de la provincia de Córdoba - y del país -, se acerque a este más que interesante museo que recrea la historia de la industria automotriz argentina, desde sus comienzos allá por mediados de la década del '50, incluyendo también algunos ejemplares europeos y americanos de singular valor histórico. Pero no sólo de autos se nutre este peculiar museo, las motocicletas y la automobilia también ocupan un lugar destacado en el mismo. Fotografías, trofeos, maquetas y recortes periodísticos de notable valor histórico adornan el simpático café, atendido con una amplia sonrisa por la hija de Alberto Fenoglio, el orgulloso dueño de casa.

Entre los vehículos, la joya de la abuela es el Siam Di Tella taxi que se utilizara en la novela Rolando Rivas, taxista, conservado en un estado original envidiable. Por el lado de IKA, nos topamos con la inolvidable Estanciera Continental 6, el Baqueano el Jeep y el Rambler, el Carabela y el Bergantin, entre otros. Por el lado de Fiat, el 1100, 1500 berlina y coupé, el pequeño 800, el 600...
un par de 128 -1100 y IAVA- y el biálbero 125. Y una cantidad notable de otros ejemplares, como Rastrojero, Torino 380 coupé, Valiant, Chevrolet Apache y 400, Auto Unión, Ford Falcon...hasta un Hansa! auto simpático si los hay, como el 11 Ligero de Citroen.

Un peculiar lote de Ford Taunus de los años '50 matizan la colección, uno de los cuales perteneció a la familia del ex-gobernador radical Eduardo Angeloz. Y entre los pura sangre de carrera, la lindísima coupé Chevrolet TC de Oscar Cabalén.

Entre los objetos de valor, se destaca el casco que utilizara el mismo Cabalén hasta poco antes de su muerte en San Nicolás, probando el prototipo Ford oficial. 

No lo deje pasar, sobre la avenida Perón al 1300 -ruta 9 vieja para no confundirse- está el museo, creado y mantenido por Alberto Fenoglio y familia con mucha, mucha pasión...vale la pena.

Miguel Tillous